Hace poco tiempo salí a tomar un café a una de esas cafeterías que no
están de moda —a las que sólo van los que quieren un momento de silencio para
sacar la libreta y ponerse a escribir—, curiosamente dio la casualidad de que por ahí se
encontraba en una de las mesas de la esquina, un poco encorvado y con las manos
puestas en su vaso de café, uno de mis viejos amigos del pasado. Me senté junto
a él y lo saludé con una enorme sonrisa. ¡Cuánto tiempo ha pasado desde aquella
chica querido amigo!, y si estás leyendo esto —se te va a formar una risita
maliciosa en el rostro cuando leas lo que viene a continuación— quiero que sepas que yo no fui.
Pero regresando al tema anterior, he de admitir que el café estaba delicioso y debo agregar que la conversación
se había mantenido alegre por un buen rato. Tristemente, ocurrió que después de
un incómodo silencio surgió de las sombras una de las palabras que por lo menos
a mí me ha causado mucho dolor y molestia en el pasado: la palabra inconstancia.
Y es que, joder, levante la mano aquél que nunca en su vida ha sufrido de esta terrible
enfermedad posmoderna. La inconstancia es una de las características más
notables de este tiempo. Millones de hombres y mujeres jóvenes se quejan quedándose
con un sabor amargo en la boca de no poder terminar casi nunca nada de lo que han empezado,
y peor aún, parece que la inconstancia se está arraigando con más fuerza en las
relaciones sentimentales.
Tengo otro amigo que se dedica a la crítica de cine y también es
escritor. Frecuentemente llega a avisarme que ha cambiado de chica o de
relación. Unas veces me admiro de la facilidad que tiene para atraer al sexo
opuesto y algunas otras me río preguntándole que con cuántas chicas se va a
acostar la próxima semana. Y aunque ya hemos aprendido a tomarlo como un juego
entre los dos, la realidad es que, como él, existen cientos de varones y
mujeres a quienes les cuesta mantener una relación por más de tres meses. La
mayoría de estas personas terminará confesando que les dio mucho miedo
continuar cuando empezaron a ver que la relación se tornaba más comprometida, a
pesar de que no había ningún motivo para forzar una ruptura.
¿Por qué existe la inconstancia en
nuestra vida? ¿De dónde salió? ¿Has podido identificar si en algún aspecto de
tu comportamiento hay mucha inconstancia?
La clave de la inconstancia es la falta de
compromiso.
Amigo, la madurez tiene precio: el precio del compromiso. Y cuanto
más pasan los años las responsabilidades también van aumentando su dificultad y
su cantidad. Las personas que no quieren aceptar esta verdad tienden a cambiar
fácilmente de amistades, de trabajo, de ideales, de pensamientos y hasta de
opiniones. Difícilmente un hombre podrá cambiar de conducta si continúa alimentando el pensamiento inestable, porque este pensamiento cosechará una acción que pronto se convertirá en hábito. ¡Igual que como lo dijo Aristóteles! Recordemos también con mucha cautela y atención una de las frases del famoso Henri Amiel, quien dijo que "la inconstancia lo echa todo a perder, ella no deja que ninguna semilla germine." ¡No hay mayor satisfacción en la vida que poder ver nuestros deseos cumplidos!
Las causas principales por las que alguien presenta dificultades a la hora de comprometerse para alguien o algo son la falta de identidad, que es la falta de conocimiento del "yo interno"; los hábitos que afecten tanto a la salud mental como a la física y la inseguridad.
Las causas principales por las que alguien presenta dificultades a la hora de comprometerse para alguien o algo son la falta de identidad, que es la falta de conocimiento del "yo interno"; los hábitos que afecten tanto a la salud mental como a la física y la inseguridad.
Durante los próximos días analiza tu vida. Identifica los sectores donde hay más inconstancia y escríbenos un Email a la página contándonos si te identificaste con el post. Si necesitas un consejo profesional te esperamos.

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