15 de marzo de 2017

Memoria de tu encuentro. Cap. I

Memoria de tu encuentro. 

I. Salutaciones. 
Escrito por Adán González (Inven).


     El tiempo siempre me ha parecido una de las percepciones más extrañas que he podido experimentar. Y no sé si soy yo o es la locura que me abunda, pero nunca puedo estar feliz con el. Cuando más estoy disfrutando de sus regalos comienza a avanzar muy rápido y me los arrebata sin darme la posibilidad de despedirme de ellos. Cuando me aburro y no tengo nada que hacer, le pido de favor que ande un poco más rápido, pero... ¡El muy maldito no me escucha! ¡No me quiere!,  y en lugar de correr anda más lento todavía. Qué infiernos me hace pasar el infeliz, porque las únicas ocasiones en las que me deja tener un poco de paz son aquellas en las que no lo echo de menos, ya que pareciera que ha dejado de existir, que tomó unas vacaciones, porque conseguí ser lo demasiado inteligente para dejar de preocuparme por él o simplemente porque me dio un descanso. Y esto no ocurre a menudo, yo te digo.
     Sea cual sea la razón por las que a veces se va,  siempre me deja un vacío en el corazón. Y mientras mi hipocresía lo desprecia yo lo busco y lo busco por todas partes, y resulta que cuando ya no logro encontrarlo por ningún lado me pongo a buscarlo de nuevo. ¡Y nada! No está en mi reloj ni tampoco en la estantería. Y no lo encuentro en el pasar de los días, ni de los meses, de los años. Ni en la luna, ni en el sol. Y es como si ya lo hubiera perdido para siempre. Como si ya lo hubiera perdido todo y no hubiese nada capaz de llenarme de nuevo el alma. 
     Me encuentro totalmente seguro de que debes entender de lo que estoy hablando, de tal manera que debes saber también lo que se siente cuando ya no nos queda esperanza alguna de encontrarlo. Y deberías recordar también con claridad, cómo de repente y de la nada se nos presenta delante, burlándose de nosotros, como en forma de revelaciones, como pérdidas, muertes, desamores y añoranzas. ¡Es horrible!
     Pero venga, sé que no voy a engañar a nadie si hasta ahora lo que vemos a diario son solamente percepciones mundanas y atrevidas. Y digo esto con el riesgo de haberme sumergido en un gran problema que de todos modos había sido ya ignorado desde el momento en que tomé mi lápiz para comenzar a escribir esta carta. Porque aconteció que cuando me senté en mi escritorio para razonar acerca de tu belleza, esas percepciones que muy posiblemente sean falsas, me enturbiaron la mente. ¿Y cómo voy a poder describirte mi amor, hecha de pétalos y espinas, con palabras, si tampoco puedo entender al tiempo y a su paso por mi consciente? ¿Y debería maldecir a la gracia que no me deja entenderte? Quién va a saberlo, si quieren que describamos al tiempo y no podemos describirte a ti, que eres tan inefable como él. Describirte a ti, a quien va dirigido este alto al fuego. Tú, a quien saludo, a quien el tiempo ha afectado de igual manera que a mí y que a todos. ¡A nosotros!, por quienes brindo, a los que sólo nos queda de bandera una oleada de recuerdos recolectados por nuestro cerebro a lo largo del camino. Que a pesar de que todos son distintos entre ellos, convergen en el punto de que nos hacen saber que vale la pena hoy, y valdrá la pena mañana, haber vivido, haberte conocido. Y no me importa si esos recuerdos fueron recolectados mientras andábamos por el mundo tristes, inocentes, perdidos, bienvenidos y bienhallados, enamorados, alegres o incluso... ¡Todo al mismo tiempo! Porque gracias a eso, puedo dar razón de que quiera contarte un pequeño relato que sucedió no hace mucho tiempo. 
     Pero verás, pequeña, me gustaría que tomaras en cuenta una observación. Que como esta no es una historia de piratas que esconden sus tesoros en islas malditas, ni mucho menos una leyenda de guerras espaciales con vida a millones de años luz de la tierra, le dieras esfuerzo al intento de tratarla con mucha misericordia. Porque si lo haces, además, poniendo mucha atención, podrías descubrir que por más que parezca ser un cuento muy tonto, logra esconder en cada página —y en cada carta que recibas— un valor inmensurable; el del amor. 
     Es probable que no creas en este valor tan especial, y es mínima pero existente la idea de que siempre hayas creído en él como un cuento convencional. Bueno, pues este escrito esconde justamente eso en lo que nunca habías creído hasta ahora. Así que de buena gana te aconsejo que lo aceptes si quieres, como un pequeño relato que debe ser apreciado cuando aproveches tus tiempos de ocio para leer. O simplemente, puedes verlo como una pequeña historia que sabes que estará ahí para cuando quieras darle vida, y principalmente en esos días en los que llueve afuera de tu habitación y hace frío. 
     Deseo de todo corazón que la alegría llegue a tu vida antes que la muerte. Pero si no lo consigue antes, será mejor que llegue con ella. 
     —Inven. 
     Por si hace frío y está lloviendo afuera. 
     



26 de febrero de 2017

Hojita. Cuento corto.

Hojita. 

               Cuento corto.
Escrito por Adán González (Inven).


     Hojita se siente muy triste porque el invierno ha llegado.
Es que el árbol donde vive está a punto de quedarse completamente seco y ya casi ha terminado de soltar a todas las demás hojas. Pero Hojita no quiere soltarse. No puede soltarse. 
     Aunque ella sabe que es tiempo de irse al montón que está justo debajo de la ramita donde ella sigue colgada, no se desprende. 
     A veces siente una onda de frío que viene del norte, pero ella no quiere despegarse. No puede despegarse.
Se siente muy triste además, porque la semana pasada un viento recio la sacudió y una de sus puntas salió disparada fuertemente. El viento cantaba, y ella lloraba porque se le había caído un pedazo de alma, de corazón. Hojita se sintió afligida ese día. 
     Las hojas que están abajo en el montón le gritan diciéndole muy alegres que ya no debería ser tan aferrada, que intente saltar, y que con mucha suerte el viento recio la puede llevar por el aire a lugares que ella ni se imagina, como le pasó a las hojas de días anteriores. También le dicen que si cae, podrá convertirse en una hoja nueva y más hermosa cada vez, cuando llegue la primavera. Pero tal vez Hojita sienta en su interior que aún es verano, y no quiere aceptar que es invierno. Tal vez para ella el sol aún brilla durante el día, y las estrellas emigran durante la noche. Puede que sienta el cantar de los grillos en su corazón, y recuerde a los enamorados recostarse debajo del árbol, a la sombra, como si estuviese pasando en ese instante. No quiere aceptar que es invierno. 
     Pasado un tiempo el árbol, como era de esperarse, se quedó sin hojas, y mientras las demás gozaban allá abajo, parecía parecer que Hojita pasaría dos veranos en su ramita. 
"¡Qué loco!", pensó un cuervo que iba pasando por ahí mientras buscaba un lugar para refugiarse de la tormenta que se acercaba. "¿Cuándo has visto a una hoja tan aferrada?", se dijo. Y entonces, lleno de curiosidad, planeó hasta la ramita donde estaba Hojita y descansó sobre ella. 
—Hola— dijo el cuervo. 
—Buen día— contestó la hoja. 
—Sabe usted señorita hoja —empezó a decir el cuervo—, me pregunto de verdad qué hace usted en esta ramita, si todos saben que cuando es invierno el árbol deja caer su verdura para alimentarse de ella...
—¡Qué va a saber usted señor cuervo!, de hojas, si es un ave que vuela —interrumpió Hojita molesta—. Y además, estamos en verano, otoño, primavera. 
—Las hojas, como es natural, caen de su árbol y mueren. 
—Las aves también caen del cielo, ¡y se las comen los gatos! 
—Eres una hoja muy grosera —profirió el cuervo—, pero aún así yo sé que tu sabes, aunque  no sabes que sabes, que siempre hay más veranos. Siempre los hay. Nunca lo olvides. 
Y luego, tras dirigir una sonrisa sublime a la hoja, el cuervo abrió sus alas y volando, continuó su camino.




8 de febrero de 2017

¿Por qué casi nunca vemos nuestros proyectos realizados?

     Hace poco tiempo salí a tomar un café a una de esas cafeterías que no están de moda —a las que sólo van los que quieren un momento de silencio para sacar la libreta y ponerse a escribir—, curiosamente dio la casualidad de que por ahí se encontraba en una de las mesas de la esquina, un poco encorvado y con las manos puestas en su vaso de café, uno de mis viejos amigos del pasado. Me senté junto a él y lo saludé con una enorme sonrisa. ¡Cuánto tiempo ha pasado desde aquella chica querido amigo!, y si estás leyendo esto —se te va a formar una risita maliciosa en el rostro cuando leas lo que viene a continuación— quiero que sepas que yo no fui. 
     Pero regresando al tema anterior, he de admitir que el café estaba delicioso y debo agregar que la conversación se había mantenido alegre por un buen rato. Tristemente, ocurrió que después de un incómodo silencio surgió de las sombras una de las palabras que por lo menos a mí me ha causado mucho dolor y molestia en el pasado: la palabra inconstancia. Y es que, joder, levante la mano aquél que nunca en su vida ha sufrido de esta terrible enfermedad posmoderna. La inconstancia es una de las características más notables de este tiempo. Millones de hombres y mujeres jóvenes se quejan quedándose con un sabor amargo en la boca de no poder terminar casi nunca nada de lo que han empezado, y peor aún, parece que la inconstancia se está arraigando con más fuerza en las relaciones sentimentales.
     Tengo otro amigo que se dedica a la crítica de cine y también es escritor. Frecuentemente llega a avisarme que ha cambiado de chica o de relación. Unas veces me admiro de la facilidad que tiene para atraer al sexo opuesto y algunas otras me río preguntándole que con cuántas chicas se va a acostar la próxima semana. Y aunque ya hemos aprendido a tomarlo como un juego entre los dos, la realidad es que, como él, existen cientos de varones y mujeres a quienes les cuesta mantener una relación por más de tres meses.    La mayoría de estas personas terminará confesando que les dio mucho miedo continuar cuando empezaron a ver que la relación se tornaba más comprometida, a pesar de que no había ningún motivo para forzar una ruptura.
 ¿Por qué existe la inconstancia en nuestra vida? ¿De dónde salió? ¿Has podido identificar si en algún aspecto de tu comportamiento hay mucha inconstancia?

La clave de la inconstancia es la falta de compromiso. 

    Amigo, la madurez tiene precio: el precio del compromiso. Y cuanto más pasan los años las responsabilidades también van aumentando su dificultad y su cantidad. Las personas que no quieren aceptar esta verdad tienden a cambiar fácilmente de amistades, de trabajo, de ideales, de pensamientos y hasta de opiniones. Difícilmente un hombre podrá cambiar de conducta si continúa alimentando el pensamiento inestable, porque este pensamiento cosechará una acción que pronto se convertirá en hábito. ¡Igual que como lo dijo Aristóteles! Recordemos también con mucha cautela y atención una de las frases del famoso Henri Amiel, quien dijo que "la inconstancia lo echa todo a perder, ella no deja que ninguna semilla germine." ¡No hay mayor satisfacción en la vida que poder ver nuestros deseos cumplidos! 

    Las causas principales por las que alguien presenta dificultades a la hora de comprometerse para alguien o algo son la falta de identidad, que es la falta de conocimiento del "yo interno"; los hábitos que afecten tanto a la salud mental como a la física y la inseguridad. 
     
     Durante los próximos días analiza tu vida. Identifica los sectores donde hay más inconstancia y escríbenos un Email a la página contándonos si te identificaste con el post. Si necesitas un consejo profesional te esperamos. 


¡Un cordial saludo! 

2 de febrero de 2017

El significado detrás de la celebración del Día de los enamorados.

     Cajas con chocolates, pasteles de chocolate, paletas de chocolate, chocolate con chocolate y chocolate blanco, negro y con frutas, para todos los amantes como yo del chocolate. Pero, además de ser esta comida uno de los varios distintivos del amor pasional, podemos encontrar millares de rosas puestas en floreros con agua de colores y muchos ositos polares con corazones cocidos al pecho con tremenda crueldad. Eso es lo que se puede ver a principios de febrero en cualquier estantería de una tienda. 
     ¿Pero qué significa todo esto? ¡Pues que el día de los enamorados está a punto de llegar! Aunque junto con él, también una antigua tradición que se fue transformando a lo largo de la historia —como todas las demás tradiciones— y que al final de nuestros tiempos se convirtió en esclava del consumismo más que de otra cosa:

La Lupercalia.

    Si viajamos al pasado a ver la historia descubriremos que nuestro “14 de febrero” proviene desde los antiguos romanos, quienes celebraban una fiesta a la que denominaron la “Lupercalia”, que era celebrada el 15 de febrero haciendo honor al fauno Luperco. El nombre de esta celebración deriva directamente del sitio donde se realizaba; una gruta llamada Lupercal, que se encuentra en el monte Palatino (donde vivía  Luperca, la loba que alimentó a los hijos gemelos de Marte).
     
     Durante el reinado del emperador Cayo —César Augusto—, que aconteció entre el 27. a. C. y el 14 d. C, las fiestas Lupercales tomaron una mayor importancia, puesto que este gobernante dictó leyes que prohibían y castigaban el celibato. La fiesta se dejaba a cargo de un colegio sacerdotal que se escogía cada año. No todos podían ser Lupercos (amigos del lobo), ni celebrar esta fiesta. Se escogían de entre los ciudadanos más ilustres, y estos debían ser en su origen adolescentes que durante el tiempo de iniciación a la edad adulta sobrevivieran de la caza y el merodeo por el bosque. Si sobrevivían eran bienvenidos. 

     En el ritual de los Lupercales se sacrificaban cabras, perros y machos cabríos. Estos animales se consideraban sagrados durante el inicio de la fiesta y no podían ser tocados por ningún miembro que participara en la celebración. Se realizaban cánticos y ofrendas en honor al Fauno, y finalmente el sacerdote oficiante ungía con sangre la frente de dos jóvenes castos. En ocasiones limpiaban el cuchillo ensangrentado en la frente de estos jóvenes, y en otras limpiaban el cuchillo con lana de oveja empapada en leche. El significado de la leche tenía una gran importancia, ya que en esa cueva la loba Luperca amamantó a los gemelos fundadores. Era signo de fertilización y crecimiento.
     Los Lupercos arrancaban la piel de los animales sacrificados y la cortaban en tiras largas. A continuación, se la entregaban a los festejantes y ellos hacían látigos y taparrabos con ellas (a los que llamaban februa, posiblemente el origen de febrero). Luego, en grupo, corrían cerro abajo en el Palantino y daban latigazos a todos los que se cruzaran en su camino. Las mujeres se ofrecían para ser azotadas, porque esto les ponía la piel de color púrpura, un color que representaba a las prostitutas de la época, en particular a las que ejercían la prostitución sagrada con los Lupercos. Además de que se creía que estos azotes eran más buenos para la fertilidad que la propia hechicería de la época. Después de este desfile de azotes y purificación sagrada se celebraba un banquete con la carne de los animales sacrificados, pero sólo entre los Lupercos, y así se le daba fin a la fiesta pública del sacrificio.

     Por suerte —o no—, este ritual comenzó a ser fuertemente cuestionado allá por el 345 d. C. en un dictamen del emperador Teodosio, quien declaró ilegal al paganismo. Pero fue hasta el año 494 aproximadamente que el Papa Gelasio I condenó esta fiesta por la fuerte carga sexual que esta contenía, dándole su prohibición absoulta.
   Los Lupercos habían desaparecido, pero las personas paganas continuaban celebrando la fiesta, aunque ya no con cantos en honor al Dios del Pan y al Fauno, sino con cantos silenciosos y festivos de conmemoración a la celebración.
    
     Con el paso del tiempo esta fiesta tuvo que ser sustituida por otra; la conmemoración del martirio y muerte de San Valentín, el 14 de febrero del año 270. Según la leyenda, San Valentín era un sacerdote cristiano, anteriormente médico, que se había opuesto a la ley que prohibía a los soldados casarse, desafiando al emperador Claudio II. San Valentín celebraba matrimonios en secreto para jóvenes enamorados, y en consecuencia el emperador ordenó encarcelarlo y finalmente matarlo. Valentín se convirtió en mártir. Y en su tumba, Julia, supuestamente la hija de un oficial romano al que el doctor Valentín le había devuelto la vista, plantó un almendro de flores rosadas. De ahí que el almendro sea símbolo de amor y amistad duraderos. La festividad religiosa se celebró hasta el año de 1969, cuando el pontificado de Pablo VI decidió eliminarla del calendario postconciliar (acordado en el Concilio Vaticano II), pasando a ser esta una fecha con santo, pero sin celebración. Y esto se debió a que se encontraron dificultades para encontrar pruebas de la vida del santo Valentín.
     Así nos encontramos pues, con otra celebración más de las tantas que existen en occidente, que oculta la barbaridad y la violencia de las antiguas civilizaciones.

     Por último, si tú que lees esto eres un soltero y nadie te va a regalar chocolates y ositos polares, entonces te invito a sacar del baúl del estante que tienes en tu sala el látigo aporreador de parejas felices para que salgas a la calle a desquitarte de manera justificada.

¡Un cordial saludo!