26 de febrero de 2017

Hojita. Cuento corto.

Hojita. 

               Cuento corto.
Escrito por Adán González (Inven).


     Hojita se siente muy triste porque el invierno ha llegado.
Es que el árbol donde vive está a punto de quedarse completamente seco y ya casi ha terminado de soltar a todas las demás hojas. Pero Hojita no quiere soltarse. No puede soltarse. 
     Aunque ella sabe que es tiempo de irse al montón que está justo debajo de la ramita donde ella sigue colgada, no se desprende. 
     A veces siente una onda de frío que viene del norte, pero ella no quiere despegarse. No puede despegarse.
Se siente muy triste además, porque la semana pasada un viento recio la sacudió y una de sus puntas salió disparada fuertemente. El viento cantaba, y ella lloraba porque se le había caído un pedazo de alma, de corazón. Hojita se sintió afligida ese día. 
     Las hojas que están abajo en el montón le gritan diciéndole muy alegres que ya no debería ser tan aferrada, que intente saltar, y que con mucha suerte el viento recio la puede llevar por el aire a lugares que ella ni se imagina, como le pasó a las hojas de días anteriores. También le dicen que si cae, podrá convertirse en una hoja nueva y más hermosa cada vez, cuando llegue la primavera. Pero tal vez Hojita sienta en su interior que aún es verano, y no quiere aceptar que es invierno. Tal vez para ella el sol aún brilla durante el día, y las estrellas emigran durante la noche. Puede que sienta el cantar de los grillos en su corazón, y recuerde a los enamorados recostarse debajo del árbol, a la sombra, como si estuviese pasando en ese instante. No quiere aceptar que es invierno. 
     Pasado un tiempo el árbol, como era de esperarse, se quedó sin hojas, y mientras las demás gozaban allá abajo, parecía parecer que Hojita pasaría dos veranos en su ramita. 
"¡Qué loco!", pensó un cuervo que iba pasando por ahí mientras buscaba un lugar para refugiarse de la tormenta que se acercaba. "¿Cuándo has visto a una hoja tan aferrada?", se dijo. Y entonces, lleno de curiosidad, planeó hasta la ramita donde estaba Hojita y descansó sobre ella. 
—Hola— dijo el cuervo. 
—Buen día— contestó la hoja. 
—Sabe usted señorita hoja —empezó a decir el cuervo—, me pregunto de verdad qué hace usted en esta ramita, si todos saben que cuando es invierno el árbol deja caer su verdura para alimentarse de ella...
—¡Qué va a saber usted señor cuervo!, de hojas, si es un ave que vuela —interrumpió Hojita molesta—. Y además, estamos en verano, otoño, primavera. 
—Las hojas, como es natural, caen de su árbol y mueren. 
—Las aves también caen del cielo, ¡y se las comen los gatos! 
—Eres una hoja muy grosera —profirió el cuervo—, pero aún así yo sé que tu sabes, aunque  no sabes que sabes, que siempre hay más veranos. Siempre los hay. Nunca lo olvides. 
Y luego, tras dirigir una sonrisa sublime a la hoja, el cuervo abrió sus alas y volando, continuó su camino.




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